¿Alguna vez te has preguntado qué fuerza oscura, cósmica o estrictamente irracional empuja a miles de personas a abandonar la comodidad de la cobija un domingo a las cinco de la mañana para ir a sufrir voluntariamente sobre un sillín de bicicleta estrecho? La ciencia del deporte suele medir vatios, frecuencias cardíacas y consumo de oxígeno, pero rara vez se detiene a estudiar los fenómenos sociológicos más profundos —y divertidos— de la cultura física mexicana.